Las hormigas, poderosas bioindicadoras del estrés urbano

Un estudio reciente publicado en Urban Ecosystems revela que la urbanización -una de las formas más drásticas de cambio del uso del suelo- puede estar modificando la forma en que incluso insectos diminutos como las hormigas encuentran y aceptan el alimento. La investigación, realizada por un equipo internacional de científicos de Ucrania, Alemania y Polonia, muestra que las hormigas urbanas son mucho menos selectivas en cuanto a la calidad de los alimentos que sus homólogas rurales, lo que sugiere que los entornos urbanos ejercen estrés no sólo sobre las plantas y animales que solemos observar, sino también sobre insectos tan comunes como las hormigas.

Hormigas en la ciudad frente a hormigas en el campo

El estudio se centró en la hormiga negra de jardín común (Lasius niger), una de las especies de hormigas más extendidas de Europa. Los investigadores ofrecieron a las hormigas agua azucarada en diferentes concentraciones, tanto en entornos urbanos como rurales, y observaron con qué facilidad aceptaban las ofrendas.

 

El principal hallazgo fue sencillo pero sorprendente: las hormigas urbanas estaban significativamente más dispuestas a aceptar soluciones azucaradas de baja concentración, mientras que las hormigas rurales rechazaban mayoritariamente estas fuentes de alimento más débiles. Este patrón resultó más claro con las concentraciones más débiles probadas, en las que las hormigas urbanas seguían bebiendo el agua azucarada mientras que las rurales solían ignorarla.

Qué puede significar

Según los investigadores, este cambio en el comportamiento alimentario refleja probablemente un estrés ambiental más amplio en las ciudades. Las condiciones urbanas -desde las islas de calor y la contaminación del suelo hasta los microplásticos y la vegetación estresada- pueden reducir la cantidad y la calidad nutricional de las fuentes naturales de carbohidratos, como la melaza que las hormigas obtienen de los pulgones. Si las hormigas están expuestas regularmente a alimentos menos ricos, pueden volverse menos selectivas con lo que comen.

 

Tomer J. Czaczkes de la Freie Universität Berlin, uno de los autores correspondientes del estudio, explica que las hormigas tienden a comparar la calidad de la comida con la que encuentran normalmente en su entorno. Cuando se les ofrece una gota de solución azucarada diluida, la toman con gusto. - no porque lo prefieran, sino porque probablemente se han adaptado a fuentes de carbohidratos de menor calidad en el paisaje urbano.

¿Una nueva forma de vigilar la salud de los ecosistemas?

Una interesante consecuencia de esta investigación es que el comportamiento alimentario de las hormigas podría servir de bioindicador del estrés ambiental. Dado que las hormigas reaccionan con rapidez a los cambios en la calidad del hábitat, el seguimiento de su “exigencia” o “falta de exigencia” podría ser una forma sencilla y barata de evaluar la salud de los ecosistemas urbanos.

 

Sin embargo, los científicos advierten que se trata de un primer paso. No está claro si las propias hormigas están estresadas fisiológicamente, si las plantas de las que dependen para alimentarse están estresadas o si ambos factores influyen. Habrá que seguir investigando para desentrañar estas causas.

Por qué es importante

A medida que las ciudades crecen en todo el mundo, resulta cada vez más importante comprender cómo afecta la urbanización a la biodiversidad y a las interacciones ecológicas. Las hormigas, a pesar de su pequeño tamaño, son actores clave en muchos ecosistemas, ya que contribuyen a la renovación del suelo, la dispersión de semillas y el ciclo de los nutrientes. El hecho de que su comportamiento cambie en respuesta a las condiciones de la ciudad subraya hasta qué punto los entornos urbanos pueden moldear la vida, incluso a las escalas más pequeñas.

 

Fuente: Stanislav Stukalyuk y colegas, Urban Lasius niger Las hormigas aceptan más fácilmente una solución de sacarosa de baja concentración que las hormigas rurales, Urban Ecosystems (2026).

 

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